Pink, Ruffles & Bows: Coquettecore y el #girlaesthetic en la post-era del Barbiecore.

Foto en portada: Pink Bow Dress x Yves Saint Laurent, 1983.

Inicia 2024 y el coquettecore ha invadido las redes de los lugares más inesperados, entre diversos análisis, memes y outfits. El Barbiecore hizo lo propio en 2023, aunque esta ya era una tendencia que se venía arrastrando desde años anteriores y se percibía con la fuerte presencia del Hot Pink en las colecciones de Alta Costura y que invadió masivamente hasta el fast fashion, bajo la expectativa de lo que sería le película del verano del año pasado, la versión de Barbie de Greta Gerwig; una película que desarrolla su historia dentro del mundo de  uno de los personajes que se relaciona con el estereotipo de la mujer plástica y superficial. En su momento, este filme levantó controversia y conversación alrededor del significado de este símbolo de la feminidad (Barbie) en la infancia de las mujeres de distintas generaciones, ya que algunas la percibían como un símbolo de opresión y otros de liberación, bajo el discurso de que esta muñeca te mostraba simbólicamente el hecho de que las mujeres podíamos ser quien quisiéramos ser, una idea que esta muñeca implantó sutilmente al demostrar que era más que un juguete, en realidad era un objeto donde podías depositar sueños y aspiraciones.

El significado de la feminidad toma cada vez más matices con la evolución del pensamiento, por ejemplo, durante los años 80s la feminidad empoderada se manifestaba a través de una vestimenta masculinizada desde donde surge el power dressing, con colores intensos y melenas levantadas que apabullaban. Por esto, la esencia femenina se fortaleció a  través de la idea de la Man-eater: salvaje, erótica e inalcanzable de hombros anchos en stilettos de tacón alto, tal como si hubiera salido del imaginario de Thierry Mugler, esta fue una época donde Mujeres imponentes y andróginas como Grace Jones dominaron a través de la sensualidad quasi masculinizada.

Los 2020s han marcado una nueva idea de lo femenino, donde regresa la silueta de cintura marcada, el make up natural y la sutilidad de la energía de la mujer, sin dejar de lado el rol que tiene actualmente en la sociedad, sin que esto signifique una masculinización para generar respeto o posición; ahora ya no se reprime imponiendo el uso de prendas tortuosas como corsets o zapatillas, a menos que sea por gusto propio.

En 2022 y 2023  se logró el acercamiento al girliness desde la resignificación de la imagen de Barbie que se viralizó a través de una película y desde el  deseo de comprar prendas en Hot Pink que se resurtían sin descanso; pero esto fue solo la superficie de un sentimiento de orgullo y pertenencia del ser mujer.

Una tendencia que alcanzó el climax con el lanzamiento de esta  versión cinematográfica de Barbie, a partir de ese verano tuvo un declive, y aunque el Hot Pink no ha desaparecido por completo y se estableció como un statement colour, el girlisness como tendencia central se ha transformado, pasando por un balletcore que nos trajo de regreso los flats que planean seguir vigentes este año, bajo el allure de messy ballerina decadente de los años 2000, al estilo de Amy Lee en el video de My Immortal (2003) de Evanecense, para aterrizar en 2024 con el Coquette Aesthetic, un revival de la idea primigenia de la feminidad en su máxima expresión, de la re adopción de lo que ya se creía ridículo y obsoleto, algo que se percibía como perteneciente a las mujeres de la era edwardiana o victoriana, y que tuvo su regreso casi con el mismo grado de exageración en los años 80s, encontrando una nueva  versión hoy, donde mujeres, hombres y hasta las propias marcas quieren tomar algo de esta tendencia, encontrando de nuevo la fascinación por los moños, el Pale Pink, los ruffles, los rulos y el rubor.

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