Por: Karl Manrique
Cuando decidí estudiar diseño de moda y calzado, mis sueños definitivamente no sucedían dentro de una fabrica de calzado, y este tampoco era el destino deseado de ninguno de mis compañeros de clase. Porque como todos,teníamos instaurada en la conciencia que la moda consiste solamente en el glamour y la belleza de una pasarela en Paris o Nueva York, sin tomar en cuenta el trabajo que hay detrás de eso o que también la gente real necesita quien diseñe productos para ellos.
En mi universidad, como en cualquier escuela de moda, todos nos habíamos inscrito bajo el firme deseo de algún día diseñar colecciones vanguardistas, dominar las pasarelas del país o del extranjero apareciendo en las páginas de VOGUE al lado de un titular que nos mencionara como el diseñador que cambiaria la imagen de la moda en México.
Esto sucedía en la primera década de los 2000, antes del boom de las redes sociales y de las plataformas que promueven diseñadores talentosos en el extranjero. En medio de una realidad en donde era más complicado abrirte paso en el mundo de la moda, cuando proyectar tu propia voz a través de un blog o un reel era aún una cosa inexistente.
Al ser de León, Guanajuato, una ciudad que hasta hoy se conoce como la capital de la piel y el calzado de México, el destino obvio era trabajar diseñando en este sector, algo que, muchos definirán como un trabajo poco glamouroso y totalmente alejado de lo que es la moda real.
En contraste con el momento actual, en aquella época eran pocas las empresas de calzado que tenían un diseñador dentro de su equipo, solucionando la parte creativa a través de procesos precarios de diseño que consistían en adaptaciones de modelos europeos copiados por modelistas. Aunque esa era la práctica más común, en algunos casos se decidía comprar bocetos únicos de diseñadores de España o Italia, los cuales, en ocasiones, al conocer poco el mercado, vendían —a precios elevados— diseños vistosos pero que poco tenían que ver con el gusto del consumidor mexicano.
Yo fui parte del inicio de esa cultura empresarial zapatera que comenzaba a abrirse a tener un equipo de diseño dentro de sus empresas, y aunque es algo que hoy parece tan común, aquel fue un momento en el que difícilmente nos abrían las puertas a los diseñadores, ya que significaba cambiar, en muchos aspectos, la dinámica de trabajo y los procesos.
Al iniciar tu carrera en una empresa de calzado te toca aprender desde abajo, desde lo más básico de los procesos: llenando fichas técnicas, armando muestrarios de materiales o diseñando las aplicaciones que adornan cada zapato, como etiquetas o plastisoles.
Y aunque todas estas actividades parezcan inadecuadas para un diseñador, ahora entiendo que este fue un proceso absolutamente necesario para aprender a diseñar correctamente un par de zapatos, ya que esta labor no consiste solo en idear la parte estética y conceptual, sino también en tener en cuenta la construcción y los detalles en cada momento.

La creatividad florece donde menos lo imaginas
Llegado el último semestre de la carrera, aparece esa pregunta ansiosa sobre qué harás apenas te gradúes, y a mí el destino me llevó a diseñar calzado infantil.
Un segmento que muchos rechazaban trabajar, precisamente porque teníamos muy arraigada la idea de que, si íbamos a crear algo, debíamos poder experimentar creativamente, y que el producto que mejor se prestaba para ello era el calzado de dama. O al menos eso creía entonces.
Aunque muchos menospreciaron el sector infantil, fue ahí donde comprendí el verdadero amor por el calzado en cada colección, ya que es un rubro que, definitivamente, permite ser mucho más creativo en todos los aspectos y detalles.
Después de más de una década diseñando productos para niños, aprendí a aterrizar macrotendencias y transformarlas en propuestas vendibles. Me di cuenta de que esto solo se logra entendiendo profundamente la marca, así como analizando y traduciendo las tendencias globales a sus necesidades y a las de sus consumidores. Y no es una tarea sencilla cuando se trabaja para una empresa con presencia en todo el territorio mexicano y en distintos puntos de venta, ya que cada uno tiene requerimientos específicos.
El calzado infantil es uno de los segmentos que más exige creatividad, especialmente al competir con marcas extranjeras, que no se detienen al momento de experimentar en sus colecciones. Así, incluso dentro de una marca nacional y tradicional, aprendí con el tiempo a integrar su ethos con productos más audaces y competitivos.
El mercado mexicano es muy conservador en la moda
Siempre se ha identificado a México y su cultura como ruidosos, alegres y coloridos, con gente que se asocia a lo kitsch y lo estrambótico al momento de elegir qué vestir. Sin embargo, esta idea popular no es del todo real, y se nota especialmente al momento de comprar calzado.
Aquí, la economía de muchos mexicanos influye fuertemente, llevándolos a preferir productos en colores básicos, que representan una apuesta segura al momento de construir un outfit versátil y funcional para el día a día.
Este comportamiento de compra se percibe principalmente en ciudades pequeñas y en sectores de consumo popular.

La realidad de diseñar una colección no es tan distinta a lo que vemos en TV.
Quienes nos dedicamos a la moda hemos visto el proceso creativo de las colecciones de alta costura a través de documentales que nos relatan cómo se construyen, desde la idea primigenia hasta el momento de presentar la colección.
Al trabajar dentro de una empresa grande de ropa o calzado, te das cuenta de que la realidad dentro de cualquier marca de moda nacional que vemos en tiendas funciona de manera similar, pero sin París, las celebridades y el lujo excesivo.
Todo empieza con una idea inicial en cada temporada, a partir de la cual se desarrolla una colección completa: creando diseños, eligiendo materiales y corrigiendo prototipos, hasta llegar a definir la versión final de las muestras que serán presentadas en exposiciones o a clientes especiales.
Desromantizar la moda y diseñar para la gente real
Tengo la firme creencia de que la mejor forma de aprender a diseñar adecuadamente es trabajando dentro de la industria, ya que esto genera una perspectiva especial de los desafíos que se presentan al fabricar un diseño o una colección.
Y es aquí donde te das cuenta de cómo aterrizar aquellos bocetos estrambóticos que ideabas en la universidad para lograr hacerlos vendibles y fabricables, amalgamando la idea de forma estructurada, tomando en cuenta procesos, materiales y conceptos desde el inicio, y reduciendo errores al momento de producir.
El diseñador y la marca deben ejercer una relación simbiótica
Así como los directores creativos, quienes trabajan como diseñadores en cualquier empresa —así sea la propia— deben conocer y entender el ADN de su marca y a quién se dirige su producto, para aportar a partir de ello su creatividad en el diseño y tener éxito con ella.
Analizar tendencias y aterrizarlas a una colección real.
Existen diversas creencias y mitos sobre el análisis de tendencias, como aquel que propone seguir al pie de la letra lo que las macrotendencias que dictan las grandes agencias de moda. Sin embargo, este es uno de los errores más grandes que frecuentemente cometen las marcas.
Y aunque es verdad que las agencias que comunican las macrotendencias realmente marcan un camino a seguir, es desde ese punto donde comienza nuestro trabajo individual: adaptar y aterrizar lo que estas proclaman para ajustarlo a nuestro mercado y a nuestra marca.
Por ello, siempre es necesario observar lo que sucede en el mundo y en la sociedad para complementar la información en cada momento con un análisis propio que funcione para cada caso particular.
Aunque la experiencia dentro de la industria nacional suele ser desestimada por la falta de glamour, casi dos décadas de experiencia en el diseño y la moda me hicieron llegar a la conclusión de que este es uno de los caminos más prácticos para aprender de forma precisa y de primera mano sobre el funcionamiento de una marca grande y posicionada, ya sea que decidas comenzar una empresa de moda propia, analizar tendencias, realizar consultoría o simplemente escribir o comunicar sobre temas clave de la industria de la moda.
Sin duda, esto es apenas una parte de lo que aprendí trabajando en el diseño y la manufactura durante más de una década, un trayecto en el que la moda se entiende tal como es: sin romanticismos ni teorías idealizadas, solo realidad, oficio y proceso.







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