Por Karl Manrique
Desde hace algunos meses, he comenzado a publicar con menos frecuencia en Fashion Thinking, no por falta de ganas, sino por falta de tiempo en medio de otros proyectos y una buena carga de trabajo.
Sin embargo, también hay otra razón personal detrás: la rebeldía frente al algoritmo. Recientemente compartí esta publicación de Instagram, con la que me sentí bastante identificada:
Un post que, sin duda, parecía leer mi sentir. Ya que, actualmente, para mí, entrar a alguna red social a ver contenido de moda y otros temas me parece sumamente aburrido y repetitivo. Algo que me recordó que una de las ideas primigenias con las que concebí Fashion Thinking fue escribir de forma curada, consciente y únicamente cuando haya algo importante que decir.

He llegado a la conclusión de que me niego a alimentar el algoritmo tal como él me lo exige. Para mí, es un monstruo hambriento de la energía de quienes publicamos y de quienes consumimos contenido; una entidad que nos mantiene presos en un loop infinito frente a una pantalla, donde pareciera que debemos sacrificar nuestra vida para producir contenido de forma constante, a cambio de la posibilidad de obtener visibilidad frente a un puñado de desconocidos, a quienes, además, hay que agradar para ser recompensados con un simple like.
Esta dinámica ha hecho que todos estemos ansiosos por publicar más y más para ganar visibilidad en un espacio ultra competido, lo que ha sobresaturado al consumidor de contenido. ¿Y qué sucede cuando debemos producir más rápido? Que el contenido tiende a ser de menor calidad, a pensarse menos antes de ser publicado o, simplemente, a tomarse “prestado” o “inspirado” de otros creadores para no invertir tiempo en reflexionar. Lo que provoca que, terminemos viendo la réplica de una misma idea, tergiversada una y otra vez hasta el cansancio.
Cuando inicié este proyecto, lo hice con el compromiso de escribir sobre moda, no solo para hablar sobre lo que sucede, sino para hacerlo desde mi propia perspectiva, a través de la visión que me da el lugar que habito y mis casi 20 años de experiencia en esta industria.
Debo confesar que lo inicié, incluso, con un poco de nostalgia, con la intención de revivir, a través de este proyecto, aquella época de los blogs, cuando el contenido se sentía más orgánico, disfrutable, sorprendente y honesto.
Comencé a compartir contenido en Substack y en Instagram a la par con Fashion Thiking desde el inicio. En esta última plataforma, por primera vez tuve que alinearme con un algoritmo que te invita —o más bien, te incita— a publicar con una velocidad inhumana a cambio de visibilidad. Y debo admitir que esta es una dinámica a la que nunca he podido —ni he querido— adaptarme.
Esto se debe a que es poco compatible con el tipo de proyecto que es Fashion Thinking: un espacio en el que se comparten artículos curados, escritos con intención y con un propósito real detrás de ellos. En el que se habla de temas y problemáticas actuales de la industria y de la sociedad, así como de exposiciones y museos. Un objetivo que va más allá del simple acto de publicar porque si o compartir un meme.
Al llevar mi proyecto a las redes sociales, me he dado cuenta, con gran decepción, de que la dinámica actual es absolutamente esclavizante. Y esto se refleja claramente en los cientos de contenidos de TikTok e Instagram que comparten nuevas reglas y consejos para viralizar contenido, puntualizando siempre que la clave es publicar mucho, aunque sea algo muy simple.
Esto me deja varias preguntas: ¿el objetivo de un creador de contenido de moda es compartir algo valioso o simplemente ser visto? Y, por otro lado, ¿el consumidor de contenido en redes sociales realmente quiere ver más publicaciones, aunque sean totalmente simplonas y superficiales?
Desde estas dudas genuinas, debo posicionarme firmemente y seguir compartiendo únicamente cuando considere que hay algo relevante que publicar en este espacio dedicado a la moda, al conocimiento, a la opinión y, algunas veces, a la crítica.
Actualmente me he alejado un poco, cansada de las redes sociales, ya que sostengo otros proyectos que también necesitan mi atención. Fashion Thinking seguirá existiendo y compartiendo artículos sobre temas que deban ser hablados, pero nunca como una cuenta más cuyo objetivo sea alimentar al monstruo del algoritmo.
Un monstruo que cada día exige ser alimentado, no solo con nuestras publicaciones, sino también con la energía que ponemos en cada texto, en cada guion, en cada slide y en cada edición de video. El internet, en su idea primigenia, se nos vendió como un espacio para conectar y compartir, y Fashion Thinking pretende mantenerse firmemente fiel a esa idea.







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